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By Vicenç Ruiz, jugador de hockey hierba en la selección española y el Club Egara, disputó los Juegos Olímpicos de Río 2016.

 ¿Cómo conseguir llegar a unos Juegos Olímpicos? ¿Qué se siente al ser olímpico por primera vez? ¿Son ciertos todos los rumores que corren sobre la Villa Olímpica? Estas son algunas de las preguntas que rondaban por mi cabeza antes de competir en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y que hoy trataré de responder.

Con 25 años llegué a Brasil con la selección española de hockey hierba para hacer realidad mi sueño. Ser olímpico es el hito de cualquier deportista, pero en especial de los jugadores de hockey hierba que vemos los Juegos como la competición por excelencia. Así que, tras una largo y sacrificado recorrido, me planté frente a los anillos olímpicos y me los sentí un poco míos.

Con ocho años, cuando cogí mi primer stick, aún no soñaba con competir en unos Juegos Olímpicos, sólo quería jugar y disfrutar. Nunca me planteé hacer del hockey mi carrera deportiva. No iba a ver torneos, ni partidos del primer equipo, ni siquiera sabía quiénes eran los jugadores más importantes del panorama en ese momento. Simplemente jugaba porque me lo pasaba bien. Y con la pasión llegaron los primeros éxitos. Empecé a ser convocado en las selecciones inferiores como la sub16, sub18 y sub21. Durante todos esos años seguí disfrutando no sólo de la competición, sino también de los entrenamientos. Personalmente creo que saber gozar del sacrificio y esfuerzo que suponen los entrenamientos es clave para seguir progresando. Así que después de mucho sudor, lágrimas, dolor y risas cumplí mi sueño deportivo. Un sueño que no comenzó al llegar a Brasil, sino que empezó mucho antes, en la preparación.

Entrenar para unos Juegos es muy distinto, es especial. La motivación está a flor de piel, la concentración es máxima y la ilusión desborda en cada jugada. Los nervios aparecen al hacer la maleta y desbordan al llegar al aeropuerto y constatar que no es un viaje más. El rey Felipe VI y la reina Letizia nos recibieron en el aeropuerto de Madrid. Al despedirnos, todos los deportistas españoles subimos en el mismo avión. Un avión lleno de ilusión y nervios. Los primeros días son los más bonitos. Se hace difícil concentrarse porque quieres explorar cada rincón de la Villa, un espacio francamente único. Pero, ¿no se trata de disfrutar de cada momento? Pues eso, ¡a emocionarse por no haber visto nada igual que la concentración y los nervios ya llegan al ver el campo!

Como novato en unas Olimpiadas, lo que más me gustó de la Villa fue el comedor. Tenéis que imaginaros un comedor enorme donde compartes espacio con los mejores deportistas del momento. Es impactante estar comiendo al lado de Pau Gasol o Rafa Nadal, para citar algunos. Para mí, son precisamente estos pequeños detalles los que hacen tan especial vivir unos Juegos Olímpicos en primera persona. Aun así, no puedo dejar de mencionar lo increíble que fue participar en la ceremonia inicial. Es un momento único y difícil de explicar. En ese instante sólo pensaba en disfrutar de cada detalle para retenerlo y no olvidarlo nunca. A nivel deportivo, fue una de las mejores experiencias que he vivido en mi carrera porque todas las selecciones estaban en su mejor estado de forma. Allí te mides con los mejores y es allí donde realmente puedes demostrar tu valía. A pesar de quedarnos con mal sabor de boca con el quinto puesto, no cambiaría nada de lo que hicimos. Personalmente creo que competimos muy bien.

Y, ¿qué me dices de los famosos mitos de la Villa? Pregunta recurrente al volver de los Juegos… Pensé mucho en ellos, en si serían verdad o no. Mi conclusión es que cada uno se monta sus propios mitos. Al fin y al cabo, la vida en la Villa es igual a la de una ciudad. Estás en tu apartamento, tienes tus horarios de entrenamiento, de competición y momentos libres. Lo que cada uno haga en su tiempo libre es privado. Así que supongo que habrá mitos que serán ciertos para algunos deportistas, y otros no. A decir verdad, no invertí demasiado tiempo a observar si eran ciertos o no. Lo que sí que os diré es que, como deportista olímpico, dispones de entradas para ir a ver otros deportes. ¡Y esto no es un mito! Yo fui a ver el partido de baloncesto de España contra Estados Unidos y os aseguro que ver en directo estos partidos no tiene precio.

Finalmente, me gustaría acabar animando a todos esos deportistas que soñáis en competir algún día en unas Olimpiadas para seguir entrenando fuerte y no desfallecer. Vivir estas experiencias te dan fuerzas para seguir con tu deporte porque todos sabemos que tras este bonito sueño hay mucho trabajo y esfuerzo personal. Los jugadores profesionales dejamos muchas cosas atrás para vivir un sueño deportivo e invertimos muchas horas para lograrlo. Pero la recompensa de tanto sacrificio es vivencial y personal más que económica, y precisamente esto es lo que hace tan bonito a este deporte.